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Crónicas

Space of Sound y el arte de seguir haciendo historia en Madrid

Hay fiestas que se disfrutan. Y luego están las que consiguen quedarse dentro de ti varios días después. El XXXIII aniversario de Space of Sound fue una de esas. No solo por el cartel, ni siquiera por la producción o el formato 360. Lo fue porque durante más de dieciocho horas Madrid volvió a sentir algo que cada vez cuesta más encontrar: una verdadera cultura de club compartida entre generaciones.

La experiencia comenzó mucho antes de entrar al recinto. Se notaba en el ambiente alrededor de The Lenovo Garage, en el Autocine. Gente llegando desde primera hora de la tarde con esa sensación de estar asistiendo a algo especial. Había veteranos de Space que hablaban de Chamartín y de las mañanas infinitas de los noventa, mezclados con una generación mucho más joven que quizá nunca vivió aquella época, pero que entiende perfectamente lo que representa la marca. Ahí estaba realmente el concepto “Generación Space”. No como eslogan, sino como algo tangible.

Y después estaba el espacio.

El Lenovo Garage funcionó sorprendentemente bien para el concepto de Space. El entorno industrial, abierto, casi cinematográfico, tenía algo muy diferente al formato habitual de festival urbano. Todo giraba alrededor del REAL 360 ROUNDSTAGE, una cabina circular situada en el centro de la pista que eliminaba por completo la idea clásica de frontalidad. Aquí no existía “la primera fila”. La pista era una masa rodeando el sonido desde todos los ángulos. DJs y público compartiendo energía constantemente.

La lluvia amenazó durante gran parte del día y, sinceramente, nos hizo dudar. Madrid llevaba varias jornadas completamente inestables y parecía que el aniversario podía complicarse. De hecho, nosotros decidimos esperar y no acudir desde primera hora. Pero fue precisamente ahí donde el Lenovo Garage demostró ser el venue perfecto para una jornada así.

Cuando llegamos, ya entrada la tarde, el agua había dejado de importar. La enorme carpa central convertía el espacio en una especie de macrodiscoteca híbrida entre festival y club. Sonido potente, iluminación envolvente, visuales girando sobre el escenario circular y miles de personas completamente refugiadas dentro de una atmósfera muy difícil de explicar si no estuviste allí.

Y justo en ese momento arrancó realmente nuestra experiencia con Hot Since 82.

Su set coincidió con esa transición entre tarde y noche donde todo empezó a coger otra dimensión. El británico entendió perfectamente el contexto del evento: grooves largos, house emocional y una selección muy elegante que conectó rápido con la pista. Había algo especial en ver cómo el público rodeaba completamente la cabina mientras el escenario giraba lentamente en el centro de la sala. Más que un concierto, parecía una experiencia inmersiva colectiva.

Después llegó Ilario Alicante y el sonido empezó a endurecerse progresivamente. Menos melodía, más tensión. Más club. El italiano manejó la pista con muchísima inteligencia, elevando poco a poco la intensidad hasta dejar el terreno preparado para Marco Faraone, encargado de cerrar la experiencia DAY.

Y probablemente fue uno de los mejores sets de toda la jornada.

Marco Faraone transformó completamente el ambiente. La sensación ya no era la de estar en un evento de tarde, sino dentro de una gran noche de clubbing europeo. Techno contundente, groove agresivo y una pista completamente entregada mientras fuera seguía cayendo algo de lluvia que ya nadie parecía notar. Dentro del Lenovo Garage solo existía la música.

La transición hacia LAB theCLUB se sintió completamente natural. Casi como si todo el aniversario estuviera pensado como una única sesión continua dividida en dos escenarios distintos.

Ya por la noche, el ambiente cambió radicalmente. Más oscuro, más físico y más enfocado al house y tech house de club. Eats Everything b2b Shermanology protagonizaron uno de los momentos más imprevisibles y divertidos de toda la madrugada, mezclando energía, vocales y muchísimo groove.

Más tarde, Crusy b2b Tony Romera llevaron la pista a un terreno mucho más explosivo y festivalero. A esas alturas daba igual cuántas horas lleváramos dentro. La sensación general era la de estar viviendo una de esas noches que recuerdas durante mucho tiempo.

Y quizá ahí está la clave de por qué Space sigue siendo Space después de treinta y tres años.

Porque nunca ha sido solo una fiesta.

Es una manera de entender el clubbing en Madrid. Una marca que ha sobrevivido a cambios de generaciones, tendencias y modas sin perder identidad. Mientras muchos proyectos intentan perseguir constantemente lo nuevo, Space parece haber entendido algo mucho más importante: evolucionar sin romper el vínculo emocional con la pista.

El 9 de mayo no fue simplemente un aniversario. Fue la confirmación de que Space of Sound sigue ocupando un lugar único dentro de la cultura electrónica española.

Y viendo cómo respondió la pista desde la tarde hasta bien entrada la mañana siguiente, queda bastante claro que todavía le queda mucha historia por escribir.

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