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Crónicas

Monegros Desert Festival 2025: 22 horas de fe, sudor y música en el desierto

Tras un año entero de espera, el desierto volvió a abrirse para recibir más de 22 horas ininterrumpidas de música electrónica. Una vez más, regresábamos a Monegros Desert Festival con toda la expectación acumulada durante 365 días, y esta edición no podía levantar más hype: la 32ª entrega llegaba repleta de novedades, con más de 150 artistas distribuidos en 13 escenarios, elevando todavía más las expectativas antes de sumergirnos en esta travesía por el desierto.

Como sucede cada año, los asistentes —procedentes de más de 70 países— comenzaron a reunirse desde el día previo en el abrasador parking. Algunos ya estaban allí desde el viernes 25, otros fueron llegando el sábado 26, pero todos compartían lo mismo: el arranque oficioso del festival suele darse en esas raves improvisadas, montadas por el propio público, que ya forman parte inseparable de la experiencia previa a la apertura oficial.

A las 14:00 en punto llegó el momento. Con el termómetro superando los 32 °C, Monegros iniciaba oficialmente su actividad. A pesar del calor y lo duro del terreno, se notaban cambios respecto al año anterior: más puntos de agua gratuita, señalización más clara, acceso más ágil, mayor control en las zonas de descanso y un servicio sanitario reforzado. La mejoría logística era evidente.

Mientras el recinto se iba llenando, el encargado de inaugurar musicalmente la jornada era Joseph Capriati, quien el año pasado había sido precisamente el responsable del cierre. La sensación entre el público era unánime: apenas acababa de arrancar y el festival ya se sentía gigantesco.

Con el sol en su punto más alto, cada espacio del festival empezaba a cobrar vida propia. Una de las grandes novedades del año era el formato Face-2-Face en Industry City 1, que debutaba con enorme expectación. La puesta en escena funcionó a la perfección, aunque la demanda superó con creces la capacidad, provocando largas colas debido al recinto limitado. Entre los sets más comentados figuraban el de Chlär junto a Yanamaste y el encuentro entre Adrián Mills y Andrés Campo, ambos marcados por la precisión técnica y una energía que mantuvo hipnotizada a la audiencia.

Mientras tanto, Industry City 2 —el hermano pequeño— volvía a dejar claro que es uno de los escenarios más infravalorados de Monegros. Si en la edición previa ya había dejado muy buenas sensaciones, este año, con el hosting de Kaotic Soundsystem y uno de los mejores sistemas de sonido de Europa, la experiencia alcanzaba un nuevo nivel. Aunque los nombres programados aquí no gozan del mismo tirón mediático que los de los escenarios principales, el ambiente respiraba pura técnica y respeto por la mezcla: vinilo y digital entrelazándose de principio a fin.

Si hay que destacar momentos concretos, el set homenaje 30 Years Liberator fue indiscutible: los hermanos Chris, Aaron y Julian ofrecieron una auténtica lección a los platos. También brilló Vandal, fundador de Kaotic, que no se separó de su escenario ni un instante y volvió a demostrar por qué es figura clave dentro del movimiento soundsystem.

Otro de los grandes aciertos de la edición fue el escenario Unreal, fruto de la colaboración con la marca alemana del mismo nombre. Se trataba de una estructura circular monumental construida con más de 60 contenedores y plataformas, una especie de fortaleza industrial plantada en medio del desierto. La experiencia se completaba con un sonido de primerísimo nivel y visuales envolventes que convertían aquel espacio en un entorno sensorial inigualable. Uno de los sets más esperados del escenario fue el de Vendex, que actuó entre las 04:00 y las 05:30 ofreciendo un espectáculo de schranz melódico acompañado de láseres y proyecciones 3D que transformaron la atmósfera en un torbellino irreal. El propio artista describió la actuación como un sueño cumplido.

La tercera incorporación destacada en cuanto a escenarios era la llegada de Brunch Electronik, la marca barcelonesa especializada en melodic y house. Un lineup lleno de grandes nombres —Mind Against, Miss Monique, Mathame, Jimi Jules B2B Trikk, Dennis Cruz— pero que, sorprendentemente, no terminó de encontrar su público. Aunque hubo momentos puntuales con buena afluencia, en general el escenario se sintió vacío gran parte del día. El contraste con las colas interminables de otros stages dejaba claro que quizá este espacio, tal y como estaba planteado, no encajaba con el perfil del público mayoritario de Monegros, más afín a ritmos rápidos y contundentes.

Una impresión similar dejó elrow, que este año vio reducido drásticamente su espacio dentro del recinto. Cubierto por una carpa enorme, la marca internacional desplegó toda su habitual propuesta: house, tech-house, confeti, performers y una producción al detalle. Aun así, aunque se vivieron momentos multitudinarios —especialmente con el esperado regreso de Paco Osuna o el curioso B2B entre Seth Troxler y Mau P— la sensación general fue de que el público no respondió como se esperaba. Posiblemente, el próximo año el house se concentre en un único escenario.

Uno de los lugares más concurridos durante las 22 horas fue la Techno Cathedral, un espacio que ofreció un cartel espectacular y una diversidad sonora apta para todos los gustos. El atardecer fue uno de los instantes más recordados gracias al set de Funk Tribu, quien conectó intensamente con el público con melodías tranceras y ritmos muy bailables, dejando caer temas tan virales como Azul, que provocaron uno de los momentos más emocionantes del festival.

La Techno Cathedral también reunió a artistas como Otta, Anetha o el impresionante B2B entre SHDW y Blawan, tal y como ya destacábamos antes del festival. Una sesión que mezcló vinilo y digital, hardgroove, melodías, trazos industriales y un sello experimental que lo convirtió en uno de los sets de la edición.

No faltaron tampoco momentos de pura contundencia, como el de Clara Cuvé, y dos amaneceres memorables: el primero con Andrés Campo, que recuperó la energía de miles de asistentes con un hardgroove lleno de vitalidad y ambiente festivo; y después con Héctor Oaks, que supo elevar aún más la atmósfera hasta culminar con su ya casi ritual La Línea de la Vida, un clímax que muchos consideran digno del futuro cierre del festival.

El escenario Awakenings regresó al desierto apostando por un line up de techno de inicio a fin, combinando figuras históricas con la nueva ola de nombres que domina el hardgroove actual. Destacaron especialmente sets como los de Chlär, Ben Sims y Marron, aunque los dos momentos que más impacto dejaron fueron el B2B entre Fadi Mohem y Rødhåd, sobrio y profundamente hipnótico, y el cierre inesperadamente brillante de Ilario Alicante y Adam Beyer, que lejos de lo que se podría esperar hoy en día de ellos, ofrecieron un techno clásico, rápido y lleno de hits que devolvió a muchos a la estética de los 2000.

Uno de los lugares más simbólicos del festival continuó siendo el avión, un Airbus A330 convertido en mini club donde, debido al aforo tan reducido, siempre se formaron colas. La colaboración con HÖR Berlin elevó aún más el misterio del espacio, por donde pasaron artistas como Paco Osuna con un set de techno inesperado, el bakalao de Andres Campo en su alias Kuki, nombres de 240 KM/H como Fumi con un hardgroove apabullante, un Adrian Mills desatado en pleno día o el caos absoluto de Vendex, que hizo vibrar hasta el fuselaje.

Además del grueso de escenarios, el festival mantenía rincones imprescindibles para entender lo que significa Monegros: El Corral y El Pajar, lugares donde siempre se respira tradición. La Pinada volvió a contar con el hosting de Own Spirit, punto de encuentro para los fans del psytrance y un refugio perfecto para descansar sin dejar de descubrir música. Lo mismo sucedió con Greenlight Corner, donde sonaron géneros como reggae, dub o drum&bass.

Uno de los momentos más especiales del festival fue el set de Laurent Garnier, de cuatro horas, en El Corral. Tras anunciar que reduciría sus actuaciones en el futuro, esta sesión adquirió un aire de despedida no oficial. El francés atrajo a más gente que nunca a esa zona y ofreció un set cargado de emoción que muchos vivieron como un agradecimiento colectivo a toda una vida de aportación a la música electrónica.

El main stage, Soundsystem Temple, volvió a imponerse con su estructura de madera de más de 70 metros de ancho y una potencia acústica que superó los 1.400.000 vatios. Allí la programación fue directa y precisa: Nico Moreno abrió la madrugada, seguido por una Fatima Hajji que reafirmó su estatus dentro del hard techno, y un set de I Hate Models que se situó como uno de los momentos más extremos y vibrantes del festival.

El desgaste empezaba a notarse, el calor regresaba con fuerza y los cuerpos acumulaban horas sin descanso. Pero faltaba el último esfuerzo: el cierre de Indira Paganotto, la primera mujer española en encargarse del final de Monegros. Sus dos horas dejaron sensaciones divididas. Aunque arrancó con un techno potente, firme y al gusto del público, el intento por abarcar distintos estilos terminó diluyendo la cohesión del cierre, con giros hacia el hard y el psytrance que no acabaron de encajar con todos los asistentes.

Aun así, Monegros 2025 volvió a confirmar por qué es uno de los festivales más característicos y extremos de Europa. No está pensado para todo el mundo: exige preparación, resistencia y una actitud concreta. Pero quienes logran conectar con su esencia encuentran algo que pocos eventos pueden ofrecer: autenticidad.

Desde su regreso en 2022, esta edición puede considerarse la más completa y mejor afinada. La organización corrigió los errores señalados anteriormente: agua abundante, servicios más cuidados, colas reducidas, un sistema de lockers muy práctico, zonas de descanso ampliadas y una restauración más variada. En un entorno tan inhóspito como Monegros, la mejora en comodidad fue notable.

El único gran punto negativo recayó en el espacio asignado a 240 KM/H y al formato Face-2-Face en Industry City. Las colas interminables y los tiempos de espera impidieron a mucha gente disfrutar de los sets más deseados. Incluso afectó indirectamente a Industry City 2, que vio parte de su público potencial evitar la zona por miedo a quedar atrapado en las filas. La solución es evidente: el concepto funciona, pero necesita un espacio a la altura de su demanda, igual que este año se resolvió el problema de aglomeraciones en hard techno gracias al gigantesco DUST x Unreal.

Y con el cierre de esta edición, ya se piensa en la siguiente: el 25 de julio de 2026, el desierto volverá a encenderse. La cuenta atrás ya está en marcha.

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